sábado, 7 de marzo de 2026

Por un 8M sin explicaciones - Alejandra Maraveles

 

Por un 8M sin explicaciones

Alejandra Maraveles




 

Ya me cansé de esperar. Aun así, espero que llegue ese 8 de marzo en que no tenga que dar explicaciones. Es extenuante, año con año, escuchar comentarios que van desde los que supuestamente expresan inquietud “Habrá mucho movimiento este año por las manifestaciones”, pasando por una compasión hacia quien no la necesita “¿Por qué tienen que vandalizar los negocios de comercios que no tienen la culpa?”, hasta aquellos cargados con un odio y con toda la intención de ofender “A ver qué destrozos hacen ahora las machorronas”. Cuando los escucho, debo apretar los dientes, tratar de no callar de una bofetada a quienes hablan así. Tener prudencia y comprensión porque, por lo general, quienes los hacen son hombres o personas de la tercera edad. Y pienso en lo frustrante que es mostrar prudencia a alguien que no la muestra.

Ya me cansé de explicarles a los hombres que no, no tenemos los mismos derechos, en papel sí, la constitución así lo estipula, pero en la práctica, es muy distinto. La brecha salarial todavía existe, el techo de cristal es una realidad y la discriminación laboral femenina sigue sucediendo. En el resto del mundo la mayoría de las mujeres alzan la voz por esa razón. Aquí en México, aunado a eso, la principal queja es la violencia ejercida hacia las mujeres.

Ya me cansé de hablar de sororidad. Esa palabra que significa tanto, ausente en la mayoría de féminas. Hay evidencias de que, en muchos casos la violencia empieza por las mismas mujeres. Por allí escuché que la sororidad sólo aparece cuando una mujer sufre, pero cuando una tiene éxito desaparece y comienzan los comentarios “¿Con quién se habrá acostado?”, como si una mujer sólo pudiera triunfar a costa de un hombre. Parece que no nos damos cuenta de que el éxito de una no es el fracaso de las demás. Al contrario, el éxito de una es el de todas, pues es un indicativo de que podemos cambiar las cosas.

Ya me cansé de escuchar las noticias en México, pues  desearía que esos comentarios se quedaran allí. México es un lugar terrible para las mujeres, estamos en un país donde diariamente mueren 10 mujeres por violencia y 34 más desaparecen. Así que esa preocupación fingida por las marchas, no tiene sentido, la preocupación debería ser todo el año, por todas aquellas que ya no pueden hablar, por quienes nunca regresaron a casa y no se sabe dónde están.

Ya me cansé de puntualizar lo que ocurre en el ambiente laboral. Porque cuando se interpela de esos pobres comercios, hay que exponer hechos. Los dueños no son los que jalan gatillos, no obstante, dentro de esos comercios existe machismo y acoso laboral o sexual hacia las mujeres. Muchas veces la violencia inicia con algún tipo de acoso. En muchos negocios, los jefes desestiman las quejas de las empleadas, quienes son acusadas de exageraciones y malos entendidos. Repito, ellos no jalan el gatillo, pero propician las situaciones desagradables, acostumbran a las mujeres a no quejarse a guardar silencio ante injusticias y maltratos.

Ya me cansé de explicar que quienes pintan paredes no son “machorronas”, son mujeres que como yo se han cansado de explicar, se han extenuado de razonar con esos hombres y personas de la tercera edad, se han fatigado de reclamar en voz baja, se han hartado de sufrir humillaciones y acosos, de dejar pasar arbitrariedades en su contra. Esas “machorronas” son aquellas que gritan y destrozan para que volteen a verlas y hacerse notar. Lo hacen por ellas, pero, sobre todo, por quienes ya no pueden hacerlo. Esas “machorronas”, son las amigas, las vecinas, las compañeras de trabajo o escuela, las primas, las sobrinas, las tías, las hijas, las hermanas y las madres de quienes mataron o desaparecieron.

Ya me cansé, pero seguiré esperando a que ese marzo llegue, ese en el cual no tenga que dar explicaciones, porque la gente haya comprendido por qué se marcha, por qué se grita, por qué se pinta, por qué se quieren destruir los edificios y más aún, esperar a que la violencia contra las mujeres deje de suceder y entonces no habrá necesidad de salir a marchar ni de dar explicaciones.