Por un
8M sin explicaciones
Alejandra
Maraveles
Ya me
cansé de esperar. Aun así, espero que llegue ese 8 de marzo en que no tenga que
dar explicaciones. Es extenuante, año con año, escuchar comentarios que van
desde los que supuestamente expresan inquietud “Habrá mucho movimiento este año
por las manifestaciones”, pasando por una compasión hacia quien no la necesita “¿Por
qué tienen que vandalizar los negocios de comercios que no tienen la culpa?”, hasta
aquellos cargados con un odio y con toda la intención de ofender “A ver qué
destrozos hacen ahora las machorronas”. Cuando los escucho, debo apretar los
dientes, tratar de no callar de una bofetada a quienes hablan así. Tener prudencia y comprensión porque, por lo general, quienes los hacen son
hombres o personas de la tercera edad. Y pienso en lo frustrante que es mostrar
prudencia a alguien que no la muestra.
Ya me
cansé de explicarles a los hombres que no, no tenemos los mismos derechos, en
papel sí, la constitución así lo estipula, pero en la práctica, es muy
distinto. La brecha salarial todavía existe, el techo de cristal es una
realidad y la discriminación laboral femenina sigue sucediendo. En el resto del
mundo la mayoría de las mujeres alzan la voz por esa razón. Aquí en México,
aunado a eso, la principal queja es la violencia ejercida hacia las mujeres.
Ya me
cansé de hablar de sororidad. Esa palabra que significa tanto, ausente en la mayoría
de féminas. Hay evidencias de que, en muchos casos la violencia empieza por las
mismas mujeres. Por allí escuché que la sororidad sólo aparece cuando una mujer
sufre, pero cuando una tiene éxito desaparece y comienzan los comentarios “¿Con
quién se habrá acostado?”, como si una mujer sólo pudiera triunfar a costa de
un hombre. Parece que no nos damos cuenta de que el éxito de una no es el
fracaso de las demás. Al contrario, el éxito de una es el de todas, pues es un
indicativo de que podemos cambiar las cosas.
Ya me
cansé de escuchar las noticias en México, pues desearía que esos
comentarios se quedaran allí. México es un lugar terrible para las mujeres,
estamos en un país donde diariamente mueren 10 mujeres por violencia y 34 más
desaparecen. Así que esa preocupación fingida por las marchas, no tiene sentido,
la preocupación debería ser todo el año, por todas aquellas que ya no pueden hablar,
por quienes nunca regresaron a casa y no se sabe dónde están.
Ya me
cansé de puntualizar lo que ocurre en el ambiente laboral. Porque cuando se
interpela de esos pobres comercios, hay que exponer hechos. Los dueños no son
los que jalan gatillos, no obstante, dentro de esos comercios existe machismo y
acoso laboral o sexual hacia las mujeres. Muchas veces la violencia inicia con
algún tipo de acoso. En muchos negocios, los jefes desestiman las quejas de las
empleadas, quienes son acusadas de exageraciones y malos entendidos. Repito,
ellos no jalan el gatillo, pero propician las situaciones desagradables, acostumbran
a las mujeres a no quejarse a guardar silencio ante injusticias y maltratos.
Ya me
cansé de explicar que quienes pintan paredes no son “machorronas”, son mujeres
que como yo se han cansado de explicar, se han extenuado de razonar con esos
hombres y personas de la tercera edad, se han fatigado de reclamar en voz baja,
se han hartado de sufrir humillaciones y acosos, de dejar pasar arbitrariedades
en su contra. Esas “machorronas” son aquellas que gritan y destrozan para que
volteen a verlas y hacerse notar. Lo hacen por ellas, pero, sobre todo, por
quienes ya no pueden hacerlo. Esas “machorronas”, son las amigas, las vecinas,
las compañeras de trabajo o escuela, las primas, las sobrinas, las tías, las hijas, las hermanas
y las madres de quienes mataron o desaparecieron.
Ya me
cansé, pero seguiré esperando a que ese marzo llegue, ese en el cual no tenga
que dar explicaciones, porque la gente haya comprendido por qué se marcha, por
qué se grita, por qué se pinta, por qué se quieren destruir los edificios y más
aún, esperar a que la violencia contra las mujeres deje de suceder y entonces
no habrá necesidad de salir a marchar ni de dar explicaciones.





