Entrega Premio

"Raúl Aceves 2022".

Periplos Literarios

Revista del PEN Centro Guadalajara .

Censura y Autocensura

Encuentro de escritoras latinoamericanas

Galería Tokiota

Congreso Mundial Pen en Tokio 2010

domingo, 8 de marzo de 2026

La Voz de las Mujeres - María Arizpe

 

 

La Voz de las Mujeres

 

María Arizpe




 

La hora de arranque eran las seis de la tarde. Salí a comer con mi familia y como vivo a media cuadra de Avenida Vallarta, mi plan era incorporarme a la manifestación a esa altura, que representaba aproximadamente la mitad del camino. Recién por la mañana me enteré de que había que vestir de morado. El único color que no mora en mi clóset. Por lo que elegí un paliacate del tono, unos jeans y me cambié las sandalias por unos tenis.

            Mientras me preparaba, los mensajes por chat se multiplicaron, extraño para ser domingo por la tarde. Grupos de mamás, compañeras del trabajo y amigas mandaban su ubicación para que nos uniéramos las recién llegadas. Justo cuando estaba sentada en el inodoro preparándome para vaciar mi vejiga antes de adentrarme en las entrañas de la marcha totalmente liviana, sentí la tierra vibrar. La sensación me pareció conocida y en segundos me encontré recordando aquella tarde de hacía unos seis años en que junto con mi esposo y mi hijo de entonces diez años nos unimos al llanto de la ciudad manifestándose por la desaparición de los cuarenta y tres estudiantes de Ayotzinapa. En ese entonces sentí el dolor colectivo como nunca antes, hasta este domingo ocho de marzo de 2020. En ese entonces la ola de súplicas, manifestaciones y reclamos, culminó en el nuevo bautismo de la entonces Glorieta de los Niños Héroes, identificándose desde aquel día como la Glorieta de las y los Desaparecidos. Nada más. No aparecieron los desaparecidos y no dejaron de morir jóvenes víctimas de violencia.

 

Esta tarde, la madre tierra gemía de dolor nuevamente. Sus hijas clamaban justicia. Decidí no esperar y me salí a encontrarme con el tumulto. Ya en la calle, no sólo sentí el latido de la tierra, sino el clamor de la multitud en la lejanía que simulaba el rezo de un rosario. Mi cuerpo se paralizó por unos segundos, dudé si era conveniente incorporarme o quedarme observando desde la acera, o el balcón de mi casa. Sentí miedo, pero no miedo a la masa que pudiera venir iracunda, tuve miedo de recordar o de abrir cicatrices que me han llevado años cerrar, pero tomé valor y seguí caminando. Me dirigí en sentido contrario al recorrido para encontrar a la multitud de mujeres que se manifestaba. El encuentro se dió justo al frente del Museo de las Artes, y por el otro lado a la explanada del edificio de Rectoría de la Universidad de Guadalajara, dónde me detuve para incorporarme a la manifestación tan pronto viera al colectivo con quienes había marchado un día antes por la misma razón.

            Al irme incorporando, observé a madres, abuelas, hijas y adolescentes gritando, cantando, brincando, levantando el puño: “ni una más”. Eran muchas, eran miles, eran todas. También había hombres vistiendo de negro con pañuelos morados. En uno de ellos observé el letrero “yo hoy salgo a gritar porque mi hija no puede”, otro decía “soy la voz de mi hija desaparecida”. Aquellos que no tienen voz, me conmueven, esta vez no fue la excepción, se me hizo nudo en la garganta ver a esos hombres luchando con las mujeres, a un lado, respetando el derecho a la calle que ese domingo todas las mujeres teníamos, la empatía me envolvió.

            Detenida frente al Museo, de pronto la marcha se tornó confusión. Las filas se rompieron y surgieron de entre la muchedumbre mujeres encapuchadas con sus armas; sí, armas que constaban de botes de pintura de diversos colores, bombas de humo y hasta parece que algo de magia. En cuestión de segundos el atrio de la Universidad se vestía de palabras que representaban la voz del dolor de las mujeres abusadas, perdidas, quebrantadas, muertas… “Nos quitaron tanto, que terminaron quitándonos el miedo”, esta frase terminó de sumergirme en la masa. Recordé los agravios que yo misma recibí en mi vida, cuando no me sabía defender.

            Observé y permanecí en silencio, y me encontré inhalando esa rabia que muerde cuando se ha sido sometida por años, por décadas, por siglos. Cuando el recuerdo del daño toca el alma o la psique, no hay serenidad que nos calme, ni paz que respetemos, cuando nuestra voz no es escuchada, cuando no existe contención, cuando la violencia es diaria dentro de las casas o fuera de ellas, nuestra voz no puede reprimirse más, sale a gritos, ladra, muerde y entonces… nos juzgan ¿por qué hablas fuerte? ¿dónde quedó tu femineidad? ¿por qué la violencia? ¿por qué? ¿por qué? Imaginé cuántas veces, cuántas mujeres han sentido el deseo de quitarse la vida porque no superan el dolor que les ha sido creado. Así es que no solamente son los números de desaparecidas o muertas los que se suman al conteo, también el de aquellas mujeres que seguimos vivas pero que llevamos por dentro una cicatriz en el mejor de los casos, porque para muchas que no han tenido el apoyo, las heridas aún sangran.

            Me uní a la marcha, al colectivo “Sangre de mi Sangre” en el que había participado una tarde anterior. Una protesta silenciosa, no necesitábamos clamar, los metros de hilos rojos tejidos como mancha de sangre avanzando hacía la misma glorieta lo decía todo.  El domingo era otra cosa, era momento de gritar, de abrir la válvula de escape. “¡Con ropa o sin ropa, mi cuerpo no se toca!”, “¡Somos el grito de las que ya no tienen voz!”. Seguimos caminando, levantando los puños, abriendo las manos, las más jóvenes brincaban. Medio kilometro más adelante a la cuadra y media de llegar a Chapultepec para virar rumbo a la glorieta de los y las desaparecidas, entró el pánico en la muchedumbre, el estruendo de un letrero al impactarse contra los vidrios de un edificio abandonado, levantó la alarma. ¡Una explosión!, ¡gases!, corran… Yo que iba dentro del tejido rojo, me sentí por segundos atrapada, frágil, aún rodeada de mujeres como yo, me sentí vulnerable. El miedo sigue ahí. Está instalado. Ayer callamos para sobrevivir, hoy necesitamos gritar para poder vivir.

            “El estado opresor es un macho violador”, “vivas se las llevaron, vivas las queremos”, “yo sí te creo”, “no nos miren, únanse ya” “levanta la mano, si a ti te han acosado”, “con ropa o sin ropa mi cuerpo no se toca”. La marcha continuó. Al principio sólo las mujeres encapuchadas pintaban o se manifestaban con actos de rebeldía, asemejados a la violencia… pintaban frases en el piso, en los muros, en las paredes, pegaban carteles… con el caminar, ya no importaba ocultar el rostro, se mostraban sin máscaras, el dolor rayaba y gritaba. Llegamos al monumento de los y las desaparecidas. Nuestras hermanas contaban sus testimonios con dolor vivo, con heridas arriba de las cicatrices, algunas de ellas todavía abiertas. Estuve ahí parada un rato, sentí vibrar la energía de las mujeres … sí, esas mujeres que sangramos cada mes para poder dar vida, esas mujeres que hemos nacido bajo el anonimato, que hemos tenido que navegar con la bandera de pendeja para no rechazar un acoso que nos podría quitar el trabajo… o la vida; esas mujeres que estamos gritando no sólo para ser escuchadas, necesitamos ser comprendidas, amadas, abrazadas. Pero sobre todo necesitamos salir a la calle seguras, para que al regresar a casa nuestros padres puedan abrazarnos, nuestros hijos puedan correr hacia nosotros para gritarnos mamá y colgarse a nuestro cuello, para que nuestros hombres también crezcan con madres sanas, que les permitan ser vulnerables, sentir, que les enseñen sobre el amor, sobre las mujeres, el equilibrio y la vida.

 

            Caminé de regreso a casa con el puño en alto, satisfecha de mi lucha, no solamente por la de este ocho de marzo, sino por aquella que inicié hace más de dos décadas, cuando me rompí y tuve que recoger mis pedazos yo sola para no morir, aunque confieso que muchas veces preferí estarlo. Sentarme por once años frente a otras mujeres que trataron de ayudarme en terapia, tomar medicamentos para comprender por qué estaba rota y como era que podía volver a pegarme para recuperar mi esencia. El camino me pareció largo, como el que caminé de regreso del monumento a mi casa, pero esta vez en mi andar encontré muchas voces pintadas en el piso “no estás sola”, “nos quitaron tanto que terminaron quitándonos el miedo”, “ni una más”.

            No niego que me dolió ver mi colonia y los mosaicos del camellón de Chapultepec pintados, esas calles que recorro todos los días mañana y tarde cuando camino con mis perros. Tardé un par de días en superar y comprender que rayar había sido parte del proceso de sanación colectiva, comprendí que si una de las que ya no están fuera mi hija, mi hermana, mi madre… nadie podría impedirme gritar, rayar, tirar, romper, matar… cuando todo dentro de una se ha roto, una esta muerta ya. Romper afuera es la anestesia que apaga momentáneamente el dolor.

            Llegué a mi casa, mi familia estaba preocupada porque se quedó sin pila mi celular y los gritos habían despertado un desasosiego en ellos que no terminó hasta que me vieron acercarme caminando por la avenida. No me di cuenta del tiempo, fueron más de cuatro horas de mujeres en grito de lucha… de solidaridad.  ¿Qué sigue? ¿Cuántos ochos de marzo tendremos que salir a gritar, romper, quebrar, para que nuestras vidas se equilibren y podamos criar hijos respetuosos de la mujer y su fortaleza y fragilidad?  

            Este ocho de marzo, treinta y cinco mil mujeres en Guadalajara salimos de nuestra casa para manifestarnos en contra de la violencia de género, ¿Qué aprendimos?, ¿Qué juntas somos fuertes? ¿Podemos cambiar el destino de las vidas, de nuestras familias, de un país, de la humanidad?… ¿Qué habrémos cambiado para el 2026? ¿Cómo vamos a avanzar en nuestro camino a la justicia? ¿Cuántas marchas se necesitarán para mutar nuestro grito en canto?

sábado, 7 de marzo de 2026

Por un 8M sin explicaciones - Alejandra Maraveles

 

Por un 8M sin explicaciones

Alejandra Maraveles




 

Ya me cansé de esperar. Aun así, espero que llegue ese 8 de marzo en que no tenga que dar explicaciones. Es extenuante, año con año, escuchar comentarios que van desde los que supuestamente expresan inquietud “Habrá mucho movimiento este año por las manifestaciones”, pasando por una compasión hacia quien no la necesita “¿Por qué tienen que vandalizar los negocios de comercios que no tienen la culpa?”, hasta aquellos cargados con un odio y con toda la intención de ofender “A ver qué destrozos hacen ahora las machorronas”. Cuando los escucho, debo apretar los dientes, tratar de no callar de una bofetada a quienes hablan así. Tener prudencia y comprensión porque, por lo general, quienes los hacen son hombres o personas de la tercera edad. Y pienso en lo frustrante que es mostrar prudencia a alguien que no la muestra.

Ya me cansé de explicarles a los hombres que no, no tenemos los mismos derechos, en papel sí, la constitución así lo estipula, pero en la práctica, es muy distinto. La brecha salarial todavía existe, el techo de cristal es una realidad y la discriminación laboral femenina sigue sucediendo. En el resto del mundo la mayoría de las mujeres alzan la voz por esa razón. Aquí en México, aunado a eso, la principal queja es la violencia ejercida hacia las mujeres.

Ya me cansé de hablar de sororidad. Esa palabra que significa tanto, ausente en la mayoría de féminas. Hay evidencias de que, en muchos casos la violencia empieza por las mismas mujeres. Por allí escuché que la sororidad sólo aparece cuando una mujer sufre, pero cuando una tiene éxito desaparece y comienzan los comentarios “¿Con quién se habrá acostado?”, como si una mujer sólo pudiera triunfar a costa de un hombre. Parece que no nos damos cuenta de que el éxito de una no es el fracaso de las demás. Al contrario, el éxito de una es el de todas, pues es un indicativo de que podemos cambiar las cosas.

Ya me cansé de escuchar las noticias en México, pues  desearía que esos comentarios se quedaran allí. México es un lugar terrible para las mujeres, estamos en un país donde diariamente mueren 10 mujeres por violencia y 34 más desaparecen. Así que esa preocupación fingida por las marchas, no tiene sentido, la preocupación debería ser todo el año, por todas aquellas que ya no pueden hablar, por quienes nunca regresaron a casa y no se sabe dónde están.

Ya me cansé de puntualizar lo que ocurre en el ambiente laboral. Porque cuando se interpela de esos pobres comercios, hay que exponer hechos. Los dueños no son los que jalan gatillos, no obstante, dentro de esos comercios existe machismo y acoso laboral o sexual hacia las mujeres. Muchas veces la violencia inicia con algún tipo de acoso. En muchos negocios, los jefes desestiman las quejas de las empleadas, quienes son acusadas de exageraciones y malos entendidos. Repito, ellos no jalan el gatillo, pero propician las situaciones desagradables, acostumbran a las mujeres a no quejarse a guardar silencio ante injusticias y maltratos.

Ya me cansé de explicar que quienes pintan paredes no son “machorronas”, son mujeres que como yo se han cansado de explicar, se han extenuado de razonar con esos hombres y personas de la tercera edad, se han fatigado de reclamar en voz baja, se han hartado de sufrir humillaciones y acosos, de dejar pasar arbitrariedades en su contra. Esas “machorronas” son aquellas que gritan y destrozan para que volteen a verlas y hacerse notar. Lo hacen por ellas, pero, sobre todo, por quienes ya no pueden hacerlo. Esas “machorronas”, son las amigas, las vecinas, las compañeras de trabajo o escuela, las primas, las sobrinas, las tías, las hijas, las hermanas y las madres de quienes mataron o desaparecieron.

Ya me cansé, pero seguiré esperando a que ese marzo llegue, ese en el cual no tenga que dar explicaciones, porque la gente haya comprendido por qué se marcha, por qué se grita, por qué se pinta, por qué se quieren destruir los edificios y más aún, esperar a que la violencia contra las mujeres deje de suceder y entonces no habrá necesidad de salir a marchar ni de dar explicaciones.

viernes, 6 de marzo de 2026

Ellos dijeron por Ruth Levy

 

Ellos dijeron




 

Ruth Levy

 

A la mujer valiente y decidida

que supo ir tras su libertad

 

Él dijo I

Yo reforjé su amor en mi yunque de barro.

Yo enrosqué su sueño a mi cincel para convertir en noche sus crepúsculos y amaneceres.

 

Ella dijo I

Que él no me acuse de haberlo enterrado vivo. No puede haber un juicio si no hay una muerte.

Ahí sólo yace un cadáver.

 

 

Él dijo II

Escuché su clamor inoportuno.

Se quedó coagulado

en el desierto infinito.

 

Ella dijo II

Mil días después liberé mi ira.

Carcomí la prudencia.

El verbo estalló.

 

 

Él dijo III

Que no ambicione la libertad del aire. Corté sus alas.

La vi caminar sobre la arena que dispersaba sus huellas.

 

 

Ella dijo III

Hube de gritar tan alto

que derrumbé sus muros ante su estéril asombro.

 

 

Él dijo IV

Donde esté, escuchará cómo aúlla el lobo del recuerdo.

 

Ella dijo IV

En la última noche, en mi nido murieron los pájaros.

Me descolgué hasta el fondo para amarrar un manojo de ramitas.

 

 

Él dijo V

Mi voz ya no tiene cabida en su silencio.

A las puertas del sueño se detiene su nombre.

 

Ella dijo V

El viento reunió mi canto.

La yedra azul escaló hacia mi vientre.

Anudé mi soledad a una estrella.

 

 

Ella dijo VI

Soy mortal, con brazos terrenales extiendo mi manto.

Sujeto entre mis cabellos un narciso.

viernes, 19 de septiembre de 2025

Cuando la cultura no sirve para nada

 

Cuando la cultura no sirve para nada

(y por eso lo es todo)

Por María Alejandra Padilla




Nos enseñaron que la cultura no sirve para nada. Que el arte no da de comer. Que las humanidades son un lujo decorativo. Nos educaron en la lógica de la utilidad, donde todo lo que no produce ganancia es visto como un gasto, una pérdida de tiempo. En ese sistema de pensamiento, la cultura se convierte en algo marginal, y lo humano se reduce a su función.

Y sin embargo, cuando todo se rompe —cuando experimentamos una crisis, un duelo, cuando vivimos en guerra o aislamiento— lo que nos salva no es la eficiencia, ni la producción, ni la velocidad. Lo que nos sostiene es la poesía, la música, la memoria, los rituales. Lo que nos abraza es eso “inútil” que llevamos dentro, y que sin embargo nos hace profundamente humanos.

Esa es la paradoja de la cultura: no sirve para nada... y sin embargo lo sostiene todo.

No es solo una paradoja social. También lo es en las organizaciones, donde paso mis días. Porque así como en la sociedad la cultura se expresa en el arte, las costumbres, los modos de habitar, en las organizaciones se manifiesta en las prácticas, los símbolos, los vínculos. Pero allí también corre el riesgo de volverse herramienta. De reducirse a un “recurso” al servicio de la rentabilidad. De perder su potencia transformadora cuando se la utiliza únicamente para generar una utilidad.

¿Y qué pasa cuando la cultura pierde su raíz? Cuando se transforma en adorno, en cliché, en protocolo… lo que queda es vacío. Las personas se materializan. Se convierten en capital humano. El alma de la organización se adormece.

La raíz de la cultura organizacional está en las personas, y más aún en la esencia de quienes lideran. No es un activo que se gestiona, es una vivencia que se encarna. Es el modo en que una organización decide mirar al mundo, vincularse con su entorno, dar lugar a lo inesperado. Y cuando esa mirada se desconecta de lo humano, cuando se prioriza el control por sobre el cuidado, lo medible por sobre lo vivible, entonces emerge la enajenación. Se trabaja mucho, se produce mucho, pero se habita poco y con el tiempo inevitablemente se acaba produciendo poco.

Byung-Chul Han, al hablar de la sociedad del rendimiento, señala que ya no es el poder externo el que oprime, sino la presión interna por autoexplotarse, por ser más productivos, más eficientes, más útiles. En esa lógica, todo lo que no encaja en la categoría de “útil” es descartado. Incluso lo humano.

Pero lo humano no puede medirse con los mismos indicadores que la productividad. No se trata de romantizar el desorden, sino de recuperar el sentido. Porque como dice Silvia Rivera Cusicanqui, hay saberes que no se piensan, sino que se sienten y se viven. Saberes sentipensantes. Y las organizaciones necesitan también ese tipo de saber, ese que no aparece en los balances pero que se intuye en el ambiente, en los gestos, en las ausencias.

Las culturas —las sociales, las organizacionales— se sostienen cuando están vivas, no cuando son útiles. Y sin embargo, una cultura viva puede transformar profundamente lo que entendemos por utilidad. Puede reordenar prioridades, redefinir lo que se considera valioso. En otras palabras, puede hacer que lo esencial vuelva a importar.

Y cuando eso sucede, algo poderoso ocurre: los resultados también llegan. Porque las llamadas organizaciones de alto desempeño no son aquellas que exprimen más a su gente, sino las que logran generar contextos humanos donde las personas pueden desplegar lo mejor de sí. Son organizaciones que alcanzan resultados extraordinarios no a pesar de cuidar su cultura, sino precisamente porque la ponen en el centro. Intervienen en lo humano, en lo simbólico, en lo profundo. Y es desde ahí, desde esa cultura viva, emergen la innovación, la colaboración, la resiliencia.

Por eso sensibilizar en las organizaciones no es un acto blando, ni naïf. Es un acto político. Es mirar a las personas no como engranajes sino como portadoras de mundo. Es comprender que cada quien trae consigo una historia, un lenguaje, una tierra, una herida, y que desde ahí también se construye lo colectivo.

En momentos en que todo se vuelve número, dato, métrica, es urgente recordar que lo que da sentido a nuestras vidas no se puede graficar. Lo que nos salva —como personas, como organizaciones, como sociedades— es justamente aquello que no sirve para nada: cantar, escuchar, reír, hacer silencio, mirar sin pedir resultados.

Recuperar esa dimensión no implica abandonar la utilidad, sino ponerla en su lugar. Como consecuencia, no como norte. Como una posibilidad, no como una imposición.

Porque las culturas que sobreviven no son las más eficientes, son las que saben cuidar.

Y quizás de eso se trate: de volver a cuidar. Lo que somos. Lo que hacemos. Lo que compartimos. Aunque no sirva para nada. O justamente por eso.

viernes, 30 de mayo de 2025

Cuarto de siglo ** CONVOCATORIA**

 

 


Una práctica común en los escritores son sus apuntes de viajes, o crónicas de espacios que visitan; algunos de esos escritos han pasado a formar parte de la literatura en Latinoamérica.
El Centro Pen Guadalajara, con el ánimo de incentivar la creación literaria, y teniendo como tema principal las ciudades que habitamos,

CONVOCA

  1. A los escritores pertenecientes a los diferentes centros PEN Latinoamérica a que envíen textos (ensayo, diario de viaje, semblanza urbana, canción o corrido) motivados por la ciudad que habitamos, vista a través de sus barrios, fiestas, personajes, o sucesos ocurridos durante los primeros 25 años del s. XXI.

 2.Los temas arriba mencionados pueden ser desarrollados de manera libre o bien motivados por imágenes: pinturas, grabados, o fotografías que aludan a esos temas y sean motivo de la narración. En caso de ser necesaria la fotografía, ésta debe ser enviada en archivo Tiff o JPG; propia o con la autorización correspondiente para ser reproducida.

 3. Los textos deben ser inéditos, y tener una extensión de 100 a 3 000 palabras, presentados en letra Arial de 12 puntos, a espacio 1.5. Asimismo, en archivo aparte, se enviará una semblanza del autor con una extensión máxima de 10 líneas,

 4. Para seleccionar los textos que integren la compilación final se formará un consejo lector integrado por 5 miembros de los diferentes centros PEN de Latinoamérica, que den la calidad y pertinencia de los textos propuestos

 5. Centro Pen Guadalajara se compromete a realizar las gestiones necesarias para su publicación digital e impresa.

  6. Se abre el periodo de recepción de textos a partir del 1 de mayo de 2025 y se cierra en 30 de noviembre de 2025. Se deberán enviar los textos a las siguientes direcciones: pen.guadalajara@gmail.com y ruthlevyv@gmail.com
 
Se emite en Guadalajara, Jalisco, México, el 4 de marzo de 2025

miércoles, 21 de mayo de 2025

Memorias del PEN Guadalajara: de noviembre de 1994 a mayo de 2025

 

Por Martha Cerda

 



1- De la fundación del PEN Guadalajara

 

Comencé a leer muy pequeña, especialmente cuentos.

Poco a poco fui ampliando mi repertorio de lecturas y empecé a soñar con ser escritora. A la par leía revistas y periódicos pues me interesaba todo lo concerniente a la vida de los escritores. Así fue como me enteré que existía una asociación de escritores y periodistas de todo el mundo conocida como PEN Club: “Poetas, Ensayistas y Narradores”, por sus siglas en inglés, y cuyos principios son: La defensa de la libertad de expresión, y la promoción de la literatura, a través de cuatro comités: el de Escritores en prisión, el de la Paz, el de Traducción y Derechos Lingüísticos, y el de Escritoras.

En la ciudad de México existía un centro del PEN al que pertenecían los escritores más importantes de entonces.

            Con esfuerzo y disciplina logré mi sueño de ser escritora, pero no dejaba de pensar en el PEN Club.

Yo vivía, y siempre he vivido en Guadalajara, y he sido enemiga acérrima del centralismo; cuestionaba el porqué los escritores de provincia no podíamos obtener las mismas oportunidades de los de la capital. En este caso tener nuestro propio PEN Club.

Mientras tanto, mi carrera como escritora iba en ascenso, ya se habían publicado varios de mis libros que habían tenido éxito cuando supe de una convocatoria del National Endowment For the Arts. Consistía en una beca para una residencia por tres meses en Estados Unidos, en un lugar llamado Port Towsend cerca de Seattle. Mandé mi solicitud y resulté beneficiada. La beca también incluía una gira por varias ciudades de los Estados Unidos. Los organizadores me preguntaron qué me interesaba hacer en cada ciudad y con quién quería entrevistarme. En Los Ángeles pedí ver al doctor Seymour Menton, un reconocido crítico literario, y en Nueva York pedí conocer a alguien del PEN Club pues tenía interés en saber más de ellos y, eventualmente, afiliarme a él. Ese alguien resultó ser la escritora María Arrillaga, del PEN de Puerto Rico, que residía en Nueva York. Estuvimos platicando y finalmente le expuse mi interés en fundar un centro PEN en Guadalajara. Ella me aconsejó hablar con Lucina Kathmann, del PEN de San Miguel de Allende y me recomendó con ella. Lucina comprendió mi intención y junto con su esposo Charly consiguió que me invitaran al congreso del PEN, en la ciudad de Praga, para proponer la creación de un centro en Guadalajara. Las propuestas de nuevos centros deberían ser aprobadas por la asamblea general reunida en un congreso. Con el apoyo de Lucina la asamblea aprobó mi propuesta y regresé a Guadalajara a poner en marcha mi proyecto. Era el mes de noviembre del año 1994.

Para fundar un centro del PEN debía haber por lo menos veinte miembros. Entre los primeros miembros del PEN Guadalajara estuvieron Ernesto Flores, Gloria Velázquez, Luis Mario Cerda, Mario Heredia, Gabriela Hernández, Noemí Mejía, Rosaura Saucedo, Elsa Levy, Leticia Villagarcía, Ruth Levy, y otros más. Algunos de estos escritores han continuado su carrera exitosamente, como Mario Heredia, otros, lamentablemente, ya fallecieron.

Durante mi cargo como presidenta del PEN Guadalajara fundamos la revista Periplos, que editaba Luis Mario Cerda, ahí publicamos escritores de todo el mundo, como Angelina Muñiz Huberman, Ilan Stavans, al que tuvimos que traducir del inglés y muchos escritores locales. La revista llegó a 12 números.

 

2- Congresos del PEN

 

El primer Congreso Mundial del PEN fue en Londres, en 1923.

 

El 1995, el 62 congreso del PEN fue en Perth, Australia, al que asistí y salí con una nueva responsabilidad.

Resultó que el centro que iba a organizar el congreso de 1996 se excusó, no podía hacerlo. Ante esa noticia la mesa directiva preguntó quién podría hacerlo y yo, atrevidamente, me ofrecí a organizarlo en Guadalajara, mi propuesta fue aceptada.

Así fue como se llevó a cabo por primera vez en México un congreso del PEN Internacional, del 7 al 13 de noviembre de 1996. Fue el congreso número 63 desde que se iniciaron los congresos del PEN.

Cada congreso tenía un tema sobre el que debían discutir los delegados. El tema del congreso de Guadalajara fue: “Literatura y Democracia”.

Fue un año de trabajo arduo que realicé prácticamente sola, mi única ayuda fue la de mi hermano Luis Mario Cerda.

Tuve que contratar hoteles, conseguir patrocinadores, contratar la traducción simultánea (las mesas eran en inglés, tenían que traducirse al francés y al español), recibir las inscripciones, etcétera. También organicé la presentación del Ballet Folklórico en el Teatro Degollado, cenas en haciendas, una cena en Tlaquepaque donde, en una visita a la galería de Sergio Bustamante, dos delegados se cayeron, se fracturaron los pies, y hubo que atenderlos.

Asistieron 300 escritores de todo el mundo, más los invitados locales. El presidente del PEN Internacional era Ronald Harwood, guionista de la película “El pianista”, por el que ganó un Oscar.

El hotel Presidente Intercontinental fue la sede del congreso y tuve el apoyo incondicional de Cecilia Wolf Madero, directora de Cultura de Zapopan, que entre otras cosas nos proporcionó los autobuses para trasladar a los delegados a los diferentes eventos, así como protección policial. Zapopan fue el municipio que más nos ayudó a través del presidente municipal: doctor José María Hernández Quintero.

El congreso fue un acontecimiento local, nacional y mundial; es recordado como uno de los mejores que ha habido. Una de las conquistas logradas fue la aprobación del español como uno de los tres idiomas oficiales del PEN.

 

Posteriormente continué asistiendo a congresos y conferencias del PEN en representación del PEN Guadalajara.

 

     1996: a la conferencia de Escritores en Prisión en Copenhague, Dinamarca, al que fui acompañada por la doctora Lupita García Barragán.

     1997: 64 Congreso del PEN en Edimburgo, donde conocí a Mario Vargas Llosa. Tema: “Identidad y Diversidad”.

     2000: 67 Congreso del PEN en Moscú, donde fui nombrada presidenta del Comité de Escritoras del PEN Internacional. Tema: “Libertad de Crítica. Crítica de la Libertad”.

     2000: Primer Encuentro de Centros PEN de América Latina, en Miami, organizado por el Centro PEN de escritores cubanos en el exilio.

     2003: 69 Congreso del PEN, en la ciudad de México. Tema: “Diversidad Cultural y Libertad de Expresión”.

     2003: Conferencia del PEN Internacional en Bellagio, Italia, con el patrocinio de la Fundación Rockefeller.

     2004: Aniversario del Premio Nobel de la Paz en Tromso, Noruega.

     2007: Luis Mario Cerda asistió al 73 Congreso del PEN en Dakar, Senegal. Tema: “El mundo y los valores humanos”.

     2008: 74 Congreso del PEN en Bogotá, Colombia. Tema: “El rol de la palabra”.

     2009: Festival “Libera la palabra”, organizado por el PEN Guadalajara en la FIL, donde se rindió un homenaje al escritor José Emilio Pacheco con la presentación de la doctora Diana Valencia. El día del homenaje coincidió con el día en que le comunicaron que era el nominado para el Premio Cervantes. Yo creí que José Emilio no se presentaría al evento, pero llegó puntual y sencillo como si no acabara de ser nombrado el ganador del premio más importante de las Letras en castellano.

     2010: Festival “Libera la palabra”, en Santiago de Compostela, organizando por el PEN de Galicia.

     2010: 76 Congreso del PEN en Tokio, al que también asistió Luis Mario Cerda. Tema: “El medioambiente y la Literatura. ¿Qué pueden hacer las palabras?”


 


4- Como presidenta del Comité de Escritoras del PEN Internacional organicé varios encuentros de escritoras en Guadalajara con el apoyo de la UNESCO. El tema era “Censura y autocensura”, uno de los problemas a los que se enfrentan las mujeres al escribir y publicar.

 

5- Entre 2010 y 2016, el PEN Guadalajara entró en un periodo de calma, necesitábamos un nuevo presidente que inspirara respeto y fuera reconocido intelectualmente. En 2017 pensé en el doctor Arnulfo Velasco, le propuse la presidencia y aceptó. La mesa directiva estuvo conformada por él, la escritora Elvira Martínez como secretaria, y la contadora Alejandra Maraveles como tesorera. En abril de 2020 tomó posesión la doctora Ruth Levy como secretaria, cuando Elvira Martínez se fue a vivir a Ajijic. A partir de entonces nuestra querida Ruth, con su entusiasmo, su carisma y su espíritu de servicio, fue el alma del PEN Guadalajara durante la pandemia de COVID-19; además de que propuso y concretó la revista virtual Periplos Literarios, que coordina hasta la fecha y se han publicado ya ocho números..

En el periodo de la presidencia del doctor Arnulfo Velasco, siete años, realizamos acciones importantes: instituimos el “Galardón Raúl Aceves a la Excelencia Literaria”, que se otorga a un escritor de un centro del PEN de América Latina y se entrega en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El galardón lleva el nombre en honor del poeta jalisciense Raúl Aceves y consiste en una medalla de plata y un reconocimiento con el nombre del galardonado. La primera preniada fue la escritora argentina María Lanese; el segundo fue el escritor Víctor Sahuatoba, del PEN de San Miguel de Allende; el tercero fue el poeta Jorge Orendain del PEN Guadalajara, y la de 2024 la escritora Mayrín Cruz Bernal del PEN de Puerto Rico.

Otras personas que colaboraron mucho fueron el poeta Jorge Luis González, que se encargaba de los trámites del galardón con la FIL y Martha Margarita Sandoval que conseguía el alojamiento para él o la galardonada.

En ese tiempo también se propusieron, con la ayuda del arquitecto Arturo Méndez Licón, los famosos Altares de muertos, el 2 de noviembre, en memoria de los periodistas asesinados. Arturo organiza, coordina y ejecuta todo el arreglo, y la periodista Laura Castro Golarte escribía las semblanzas.

Otra de las actividades del centro, instituidas en ese tiempo, son las lecturas de obra mensuales de los miembros del grupo.

En 2018 se publicó el libro “México hoy”, una antología de textos literarios de los tres centros del PEN que existían entonces en México: el de la ciudad de México, el de San Miguel Allende y el de Guadalajara. La edición incluía textos en inglés y español en tres géneros: Poesía, Ensayo y Relato. Fue publicada por la editorial La Zonámbula, que dirige el poeta Jorge Orendain.

En agosto de 2024 se retiró el doctor Arnulfo Velasco.

 


6- En la actualidad el Centro Guadalajara del PEN Internacional se ha renovado. El presidente es otro distinguido intelectual jalisciense, el doctor Arturo Camacho, la secretaria la ingeniera Lizbeth Sánchez, y la tesorera la contadora Alejandra Maraveles. Yo funjo como presidenta emérita.

Además, han ingresado nuevos miembros como el doctor Juan Hernández Senter, la doctora Celia del Palacio, la maestra Ana Rosa González, la escritora Alejandra Padilla y el talentoso pintor y escritor Giácomo Ricaño, primer miembro joven de nuestro centro. También se han formado dos comités, el de Escritoras, al que pertenecen Gulnara Molina y Martha Margarita Sandoval y el de Escritores en prisión, donde participan Ruth Levy y Celia del Palacio. Ambos comités muy activos.

Aunque hemos continuado con el Galardón, la revista, y las lecturas mensuales de los miembros, el doctor Arturo Camacho tiene varios proyectos, quiere constituir al Centro Guadalajara del PEN como una asociación civil; también propuso la creación de un libro que llevará el título de Cuarto de siglo, con historias de la ciudad. Se ha invitado a los centros del PEN de América Latina a participar. Otro de sus proyectos es redactar los estatutos del centro. Y otro más reclutar escritores jóvenes que aporten nuevas ideas y garanticen la continuidad de nuestro centro, lo que está a tono con los tiempos ya que en el PEN Internacional se acaba de crear un nuevo comité, precisamente el Comité de Escritores Jóvenes.

El ambiente actual entre los miembros es muy cordial; asistimos a un desayuno mensual en el restaurante Camilos 333 en el que convivimos como amigos.

 

No me resta más que agradecer a todos los que han formado parte de este proyecto de noviembre de 1994 a mayo de 2025: a Luis Mario Cerda, al doctor Arnulfo Velasco y en especial a la doctora Ruth Levy.

Y por supuesto desearle mucho éxito en su gestión al doctor Arturo Camacho y larga vida al PEN Guadalajara.